martes, setiembre 28, 2010

la carretera







el domingo fuimos a ver la carretera (the road, dir. John Hillcoat, 2009), basada en el libro de Cormac McCarthy. ambientada en un mundo postapocalíptico, sigue los pasos de un hombre y su hijo por un paisaje devastado y devastador: el cielo eternamente gris, los árboles quemados, la tierra negra, las casas y las ciudades, o lo que queda de ellas, saqueadas. y ahí están ellos, empujando un carrito de supermercado con sus escasas pertenencias, como dos bichicomes, buscando algo de comer y un rincón donde pasar la noche sin morirse de frío. no sabemos bien qué pasó, pero sí sabemos que el padre, tiempo atrás, vivía en una casa con la madre de su hijo, con agua corriente, luz eléctrica, un piano. lo que se dice, una vida normal. no son los únicos sobrevivientes, pero lo mejor que les puede pasar es no cruzarse con nadie: el canibalismo, explica el padre, es uno de los mayores miedos. una película dura, incómoda, por momentos asfixiante. sin esperanza.

a la salida, la mugre amontonada contra las veredas y un pobre tipo durmiendo envuelto en frazadas en un rincón parecían recrear un escenario de la película. pero claro, no era la película, era la calle galarza nomás.

lunes, agosto 30, 2010

descubrimientos de la semana











1. The Sandpit, un cortometraje de Sam O'Hare: Nueva York a toda velocidad, como una miniatura viviente

2. La revista de arquitectura Mark

3. Centralia, PA, antes un pueblo minero, hoy un pueblo fantasma

4. Ivana Acosta

5. Bird on a Wire, un documental que se creía perdido sobre una gira que Leonard Cohen realizó a principios de la década de 1970



jueves, mayo 27, 2010

delmurismos





"La necesidad lo convierte a uno en mercenario. La ética, en un pelotudo".

"Un hombre que golpea a una mujer puede tener varios motivos para hacerlo, pero ninguno tan oscuro y poderoso como la frustración de no poder entenderla".

"Ser joven significa tener el deseo a flor de piel, la inteligencia dormida y muy poco dinero. Ser adulto significa tener el deseo dormido, el dinero a flor de piel y muy poca inteligencia".

"Cuando la pornografía logre finalmente ser aceptada como una carrera digna para nuestros hijos, el día del juicio final tendrá el aspecto de un récord mundial de gang bang".

"El hombre que todo el tiempo se jacta de su éxito es igual de miserable que el hombre que todo el tiempo se lamenta de su fracaso. Quienes perciben esto son aún más miserables que los otros dos combinados, por desgracia".

"En la presentación de un libro, puedo reconocer a un snob a primera vista, no por su olor o su andar ni por su figura, sino por que me ha felicitado calurosamente y yo soy simplemente el mozo".


Wilmer Delmur. Extraído de Contra los murguistas y otras miñangas. Aforismos, reflexiones y subyacencias. Ediciones del Tullido, Madrid, 1991, Colección Bolsillo. Prólogo de Jesús Aguirrebarrena, Duque de Béjar.

miércoles, enero 06, 2010

MMX





cambió la década. cambió todo. y todo sigue igual.



martes, diciembre 29, 2009

la conspiración escarlata







"Gordon tomó la ganzúa y con un solo movimiento abrió la caja de forma torpe y brutal. Una nube de polvillo de aserrín se formó sobre nuestras cabezas, pero se desvaneció rápido dejando un halo blanco en el piso. Retiré la tapa y pude ver finalmente lo que contenía: conejitos de peluche, decenas de ellos, envueltos en bolsas de plástico. El gesto socarrón del agente Tyler no llegó a incomodarme. Estaba seguro que estábamos en la pista correcta, pero no lo podía probar. Tomé uno de los conejos y lo examiné. Eran de pésima calidad, con una expresión diabólica, el peluche sintético mál peinado, y por ojos cuentas de color rubí pegadas de forma tal que el animal parecía sufrir un estrabismo atroz.

    —Qué hará ahora Marlain, ¿interrogar al conejo?- dijo Tyler, y se permitió otro suculento trago de su petaca plateada.
    —Descuide Tyler, lo dejaré en paz. Llevaré uno de éstos a mi pequeña sobrina.
    —Si la obliga a elegir entre ese muñecote o un adoquín manchado de alquitrán ella elegirá el adoquín. Además, usted no tiene sobrinos.
    —Cierre el cajón, Gordon.

Viajamos en silencio, excepto por los aburridos chistes de Tyler, que en un momento entabló un diálogo erótico con el conejo de peluche, un compendio de vulgaridades que seguramente exclama con frecuencia ante las chicas que trabajan en el Strip.

Al llegar a casa esa tarde me crucé en la vereda con la Sra. Stiglewicz, que sólo atinó a decirme “qué bonito conejo Sr. Marlain”. Coloqué el muñeco en la repisa sobre el tocadiscos, me serví un scotch y me senté frente a él. El conejo me miraba a mí con sus ojos desorbitados. Yo miraba al conejo, y llegué a maldecirlo un par de veces. Permanecí en la misma posición durante al menos una hora, mirando fijo a los ojos del maldito conejo, hasta que entendí lo que estaba ocurriendo.

Me incorporé bruscamente, tomé al animal del cogote y con todas mis fuerzas lo estrangulé hasta arrancarle la cabeza, que rebotó en la alfombra y se perdió debajo de la mesa. Del cuerpo decapitado asomaba ahora un paquete de plástico, sellado con cinta. Tomé la navaja retráctil que suelo llevar escondida bajo el pantalón en mi pierna izquierda y realicé un corte lateral con precisión de cirujano. Del paquete comenzó a salir a borbotontes un polvo blanco y brillante. Mojé mi dedo índice con saliva, lo hundí en el polvo y me lo llevé a la boca. Bingo, Marlain. Eran tóxicos."


Wilmer Delmur, fragmento de La conspiración escarlata, Alianza Editorial, colección Serie Noir, Madrid, 1975. Traducción de Virgilio Hernández Satur. Publicada originalmente como The Bunny Affair, Albert B. Knopf, Nueva York, 1959